Restauración

El estudio de la encuadernación a través de su restauración

21 Mar 2012  |  Publicado por Camacho  |  Artículos, Encuadernación, Restauración

A continuación publicamos una comunicación presentada durante las Jornadas «Isabel I y la Imprenta: consecuencias materiales, en el mundo cultural, de esta revolución tecnológica», celebradas en Madrid, en el Salón de actos del Ministerio de Cultura, los días 18, 19 y 20 de noviembre de 2004.

El desmontaje de un libro para su restauración, cuando el estado de conservación de la encuadernación es bueno y no se aprecian sus partes a simple vista, aporta datos importantísimos sobre su estructura interna, siendo un momento único para su estudio y que nos aclarará muchas dudas sobre la evolución de las variadas técnicas aplicadas en su elaboración, datos, que volverán a permanecer ocultos una vez finalizada la intervención. Así, gracias al desmontaje, se ha podido analizar la estructura interna y los materiales utilizados: hilos, costuras, nervios, refuerzos, pieles, entablados, tapas, biselados de estas, número de bifolios que forman los cuadernillos, cabezadas, broches,…

Podemos observar en líneas generales, que la encuadernación, considerada como un arte fundamentalmente artesanal es bastante tradicional y por lo tanto reacia a introducir grandes innovaciones por lo que, a pesar del gran cambio técnico – paso del manuscrito a la imprenta – y material – sustitución del pergamino por el papel -, las modificaciones en la estructura del libro se van realizando lentamente y no se consolidan hasta entrado el siglo XVII.

La utilización del pergamino como soporte de la escritura condicionó mucho la encuadernación. Estas debían ser mucho más resistentes y compactas para soportar el peso y sobre todo, los movimientos higroscópicos sufridos por el pergamino a causa de los cambios de humedad. Es claro el apego al pasado y a las técnicas tradicionales, determinado por el tipo de papel de un grosor considerable, que le daba una gran fortaleza y resistencia, y que estaba cerca de alcanzar el grosor del pergamino pero con un peso menor y una mayor estabilidad respecto a la humedad. Esto permitió que, durante algunos años, las técnicas de encuadernación continuaran como años anteriores, iniciándose paulatinamente un cambio en los materiales utilizados, por regla general, más ligeros, económicos y todo condicionado por una mayor producción de obras.

Un elemento que suele proporcionar muchos datos al investigador son los aportados por el papelón como elemento sustituto de la madera en las tapas. El papelón suele estar formado por papel, impreso o manuscrito, que en su día no tenían valor para el encuadernador por ser restos o pruebas de tiradas, sobrantes que el encuadernador adhería hasta conseguir el grosor necesario para las tapas. La cantidad de hojas pegadas dependía del espesor de cada una de ellas, del tipo de encuadernación que se iba a realizar, del adhesivo,…

Es frecuente también encontrar documentos, o parte de ellos, de pergamino manuscrito como refuerzos de los lomos de los libros, cuya función era reforzar aún más la unión entre los cuadernillos, la unión del cuerpo del libro a las tapas y la de tapar cierto tipo de entablados. También se han encontrado casos en los que el lomo estaba reforzado por restos de otras encuadernaciones en pergamino o incluso hojas de cantorales que hacían de material de recubrimiento.

El tamaño de los libros también determinaban los materiales utilizados y el número de nervios en la costura. En los de menor tamaño y peso, se sustituyeron los nervios de badana por los de cuerda, más flexibles y de menor grosor. Igualmente, los tipos de cierres venían condicionados por las tapas y el material de recubrimiento. Una tapa de papelón no soportaba el claveteado de los broches ya que acababa defomándose y cambiando entonces a cierres por cintas.

Es frecuente encontrar libros incunables reencuadernados en época posterior. Bien porque se encontraban en mal estado la estuctura interna, la externa o ambas, o bien por estética. La obra era adquirida por una determinada biblioteca o bibliófilo y quería encuadernarla a su gusto. Siendo en este segundo caso cuando la estructura interna, a no ser que se encontrara deteriorada, se consevaba.

Decir que en España todavía no hemos llegado al nivel que hay en otros países como Alemania o Francia en el mundo de la encuadernacion , aunque hoy día , y gracias a distintas instituciones públicas y privadas se le está dando una mayor publicidad para dar a conocer a la gente sobre la importancia que tienen tanto funcional como estéticamente las verdaderas obras de arte que son las encuadernaciones.

Iván Camacho.

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